Hace una semana...

Me tomo un descanso de vos y me voy unos días a la playa a darle paz a mi mente. Ese era mi plan. Ese plan se veía tan fantástico en mi cabeza, imposible de arruinar. Llegué. Caminé y caminé. Miré para ambos lados pero nadie se encontraba ahí. Era yo. La arena y yo. El mar y yo. Sus olas y yo. Las gaviotas y yo. El ruido a soledad y yo. Decidí acercarme lo mas posible a la orilla del mar. Me senté a mirarlo, a escucharlo, a sentirlo. Me econtré con la mirada perdida en el vaivén de las olas, pidiendoles que te lleven con ellas, que se llevaran tus recuerdos de mi cabeza mar adentro, bien mar adentro. Después me encontré con la mirada perdida en el horizonte, visualizandote ahi, jugando entre las olas, divertido, infantil, alegre como siempre te ponías. Le pedí al horizonte que se alejara lo mas posible, y que se llevara consigo tus recuerdos, que te llevara hacia donde se encontraba el mismo.  Giré la vista y me encontré con la mirada perdida en el muelle. Nos veía ahí. Sentados. Tomándonos de la mano cariñosamente. Contemplando el mar. Le pedí al muelle que convierta tus recuerdos en rocas, en insignificativas rocas. Rocas frías, rocas duras. Sin sentimientos. Eso, que no sintiera mas nada con tus recuerdos. Empezé a sentir frío, no estaba muy abrigada. Enterré los pies en la arena y esa sensación me hizo encontrarme con la mirada perdida en ella. Esa arena por la que caminamos juntos tantas veces. En la que corrimos, nos acostamos y fue testigo de lo que sentíamos. Moví los pies en ella y le pedí que así como estaba enterrando mis pies enterrara tus recuerdos. La agarré con la mano y la dejé caer entre los dedos. Le pedí que me de el valor de hacer eso con vos y con mi memoria. Le pedí que los recuerdos se hagan polvo, se hagan arena, y se deslizaran para siempre por mis dedos. Cada vez tenía mas frío. El ruido del mar me hizo volver a la tierra y entender en donde estaba. Giré la vista y encontré la orilla. Y ahí va otra vez... me encontré con la mirada perdida en la orilla. Casi himnotizada me levanté y caminé hacia ella, hacia los pies del mar, hacia la orilla finita. Dejé que el agua salada mojara mis pies, sentí el tacto del agua fría en mis dedos. Y ahora era diferente, ahora le pedía que te traiga en sus olas. Ahora le pedía que seas como el mar, como la arena, como las gaviotas, como el muelle, como las olas, como el horizonte, como la soledad misma, y que estuvieras ahí, acompañandome.

  Hasta el mar me hace acordar a vos. Voy a ir a lugares que jamás hayamos compartido.