Quiero vivir, quiero gritar, quiero sentir.
A veces sóla no se puede.
Quiero cambiar el mundo, pero no puedo empezar por mí.
Tengo tantas ideas, tanta energía adentro, pero no puedo sacarla. Yo sóla no puedo sabés.
Te necesito, vos sacaste de mí partes que no conocía, vos hiciste que extrañe a alguien.
Sentía que esperabas cosas de mí, me mostré como era. Rompí mi cascarón, mi armadura. Con vos no me sentía una nena, me sentía una mujer. Sentía que eras mío, sentía que sentías lo mismo por mí.
Te creía, te creía todo. Todo lo que me dijeras para mí era verdad absoluta, indiscutible.
Te preguntarás por qué... porque te amaba.
Porque te amé como jamás había amado. Mejor dicho, jamás había amado.
No te extraño, extraño lo que me hiciste sentir. Me hiciste sentir fuerte, porque todas mis debilidades se desvanecían cuando te tenía en frente, después de todo mi única debilidad eras vos. Por vos lloré hasta quedarme sin lágrimas aquella vez que te perdí.
     Me derretías, me desarmabas y me volvías a armar. Pasé de corazón de metal, a dúctil y maleable. Conocí el amor, o eso creí. Creía tanto en vos, más que en mí.
Daba mi vida por vos. Te quería para mí, quería que me acompañes siempre. Estaba segura de vos, estaba segura de mostrarte conmigo. Estaba enamorada, profundamente enamorada.
Me tenías confianza, me hacías sentir diferente al resto. Me hacías sentir única, única ante el mundo.
Vos eras el único que lograba todo esto, y que hasta ahora lo logró.
Tal vez porque llegaste, no te busqué.

Pero que quede claro, con el tiempo comprendí que no te extraño. Extraño lo que sentí por vos.
Fue amor, no obsesión.