Muchas veces nos pasa que sentimos lo que no tenemos que sentir. Que en el momento equivocado nos pasan cosas que no nos tienen que pasar, que aparece el sentimiento que no tiene que aparecer, en el peor momento. Como cuando sentís bronca pero no podes expresarla, cuando te desilusionas pero no podes dejar que los demás se den cuenta, cuando te rompen el corazón pero no pensás largarte a llorar ahí mismo frente a él (por mas fuerza que tengas que hacer y por mas que tengas que aguantar). Cuando descubrís que su novia lo dejó pero no te podes permitir sonreír como querés frente a él. O lo ves con otra pero no podes ponerte celosa por más que sientas celos en cada parte del tu cuerpo. Entonces te tenés que aguantar, soportar y seguir. Retener las lágrimas, aguantar el ardor en los ojos y el nudo insoportable en la garganta con tal de no mostrar que estás lastimada, que te importaba, que sentías cosas por él. Morderte el labio para esconder la sonrisita, esa sonrisa de victoria por ver como se equivocó al elegir a otra o una sonrisa de esperanza por verlo solo ahora. Cerrar la boca cuando tenes ganas de gritar y gritar lo mas fuerte posible, de decirle todo lo que pensás porque llegaste a tu límite o simplemente decir lo que sentís, pero sabes que no está bien, que después te vas a arrepentir; entonces te callás. Mirar para otro lado y mostrarte tranquilisima, cuando en realidad querés tirarte encima de la que ahora está con él y agarrarla de los pelos y decirle que es tuyo. Miles de momentos diferentes pero todos tienen algo en común, en todos hacemos algo igual. Tratamos de poner nuestra mejor cara de idiota, nuestro mejor antifaz .
Muchas veces nos pasa que sentimos lo que no tenemos que sentir. Que en el momento equivocado nos pasan cosas que no nos tienen que pasar, que aparece el sentimiento que no tiene que aparecer, en el peor momento. Como cuando sentís bronca pero no podes expresarla, cuando te desilusionas pero no podes dejar que los demás se den cuenta, cuando te rompen el corazón pero no pensás largarte a llorar ahí mismo frente a él (por mas fuerza que tengas que hacer y por mas que tengas que aguantar). Cuando descubrís que su novia lo dejó pero no te podes permitir sonreír como querés frente a él. O lo ves con otra pero no podes ponerte celosa por más que sientas celos en cada parte del tu cuerpo. Entonces te tenés que aguantar, soportar y seguir. Retener las lágrimas, aguantar el ardor en los ojos y el nudo insoportable en la garganta con tal de no mostrar que estás lastimada, que te importaba, que sentías cosas por él. Morderte el labio para esconder la sonrisita, esa sonrisa de victoria por ver como se equivocó al elegir a otra o una sonrisa de esperanza por verlo solo ahora. Cerrar la boca cuando tenes ganas de gritar y gritar lo mas fuerte posible, de decirle todo lo que pensás porque llegaste a tu límite o simplemente decir lo que sentís, pero sabes que no está bien, que después te vas a arrepentir; entonces te callás. Mirar para otro lado y mostrarte tranquilisima, cuando en realidad querés tirarte encima de la que ahora está con él y agarrarla de los pelos y decirle que es tuyo. Miles de momentos diferentes pero todos tienen algo en común, en todos hacemos algo igual. Tratamos de poner nuestra mejor cara de idiota, nuestro mejor antifaz .